Primer texto que comparto del libro de prosas poéticas El arte de recordar mi amnesia, proyecto que quedó en agua de borrajas, pero que espero ir subiendo poco a poco al blog. Un alegato al amor desterrado y a ese vicio de olvidarte de todo cuando, como dijo el gran maestro Mario Benedetti: “El olvido está lleno de memoria”. Espero que lo disfrutéis.

Recordad: Vosotros leed, que rogerescribe

Fantasma

A veces, cuando camino por tu pueblo, descubro horrorizado que soy como un fantasma. Lo noto, sí, soy como un fantasma que camina de aquí para allá sin un rumbo concreto, sin una voluntad específica, un fantasma, solo eso, muerto y abandonado, condenado a reseguir el camino que recorrí contigo una y otra vez. Como Sísifo, absorto en mi castigo eterno, feliz en el fondo de mi dolor.

El asfalto no percibe mis pies sobre su espalda, las esquinas me miran confundidas, las saludo y no responden. Los callejones arrojan su oscuridad sobre mi sombra, que a cada paso es más negra y más amplia.

Veo perros que ladran a otros, a señores mayores que se acercan demasiado a sus casas, a niños que los provocan haciendo botar un balón o a gatos que cruzan despistadamente la calle. Pero al verme, si es que me ven, no reaccionan, observan mi transparencia, tumbados vagamente sobre sus panzas, supuestamente muy sensitivos a los seres paranormales. Esto me hace pensar que no solo soy un fantasma, sino que además mi aura es defectuosa, indetectable para todos.

Miro alrededor y veo dedos que me acusan, que me maldicen, que me odian. Me recreo en su odio, pues ¿Qué es el odio de los demás sin el odio propio? Tan solo una brisa, una despistada brisa que mueve las hojas cansadamente.

 

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