La persigo en mi bici, corriendo tras la suya. Mi bicicleta vieja y sin pedal izquierdo, con telas de arañas que ya se fueron. La sigo a pie, corriendo, con mi bici a cuestas ¿Por qué no la suelto? Quizás porque es inseguro su alcance, tal vez porque mi bici es lo único que me queda.

Ella corre- no huye de mí, solo corre- no logro alcanzarla en su fugaz pedaleo. El dilema se cierne sobre mí cuando dejo mi bici, mi única bici, y la persigo a sprint, con la velocidad de una bala lentísima. Pero no es suficiente, mis pies se abaten, mis manos no aguantan más, miro atrás: podría volver a por mi bicicleta o ir tras ella con el último aliento.

Dudo un segundo, eterno segundo, enorme segundo, catastrófico segundo. Ella escapa en su bicicleta. En el horizonte se desvanece su figura inmóvil, como las estrellas que parecen paralizadas y, sin embargo, están llenas de fuego y viento, como las estrellas que un día se apagan y dejan otra nada más, el único recurso inagotable del universo: la nada.

La veo partir, desaparecer lejana y diminuta, miro hacia atrás y mi bicicleta tampoco está.

 

Imagen adquirida en: http://www.latiendadelosvinilos.com/fotomurales/fotomural-bicicleta-en-blanco-y-negro-250.html

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