Pobres leyendas versarán sobre ti, escritor de hoy, los versos serán escasos, libres de libros, publicados en redes que no huelen a papel impreso, ni a pescado fresco, sino a pantallas, a electricidad, a modernidad impuesta. Ojalá pudieras luchar en batallas, donde alcanzar la comprensión absoluta de la épica y la heroicidad, que luego plasmar en tus protagonistas, en las hazañas que describes sin mucho acierto, apesadumbrado porque tu piel no alza sus escamas ante tu lírica. Vuelve a tus cavernas míticas, atrae las telarañas a tu casa, deja entrar a las serpientes, que el viento se cuele furtivo por una grieta en la pared y te muerda las entrañas. Solo así llegarás a ser hondo y profundo, romántico… absurdo y ridículo.

También puedes salir a la calle, observar tu entorno. El amor sigue vigente, deformado y extraño, pero amor al fin y al cabo, con sus heridas y sus ojos de rebaño condenado. Abrázate a las frías farolas iluminadas, siente la nieve del metal hundiéndose  en tus costillas, mira tu sombra proyectarse en el suelo adoquinado, cómo el alquitrán te desdibuja la figura y te convierte en un fantasma. Entra en bares, que el perfume del café en la mañana noquee tus sentidos, que el clamor salvaje de las conversaciones ajenas te deje las orejas abiertas y curiosas. Tómate un tentempié de rodillas, un refresco que te de candor, lee una revista de esas que te inculturizan. Escucha las noticias en televisiones cuadradas, con cuadrantes y gráficos de población, con pocos gráficos. Empápate de indiferencias, de miradas juzgantes y juzgadas por otras miradas, déjate conmover por el perro que queda a la intemperie porque no se permiten otros animales en los lugares de los animales humanos.

Vence al tedio, viaja por ciudades repletas de gente, mira las playas cuya arena imaginas bajo un gentío que le clava sombrillas en la ondulada espalda. Sorpréndete al ver las toallas y las gentes que las pueblan, rojos algunos, como gambas en una paella. Indígnate ante los vientos que te arrojan arena en el rostro, llenándote de desiertos las pupilas adoloridas.

Sé poeta pese al tiempo que te rodea y aplasta, sé escritor contra todos lo que no leen, ni escriben. Si debes untar tus latidos en una extraña tostada de píxeles, hazlo con alegría, pues los ojos que te lean serán muy parecidos a los tuyos, arderán ante tus proezas literarias, como ardieron en el pasado otros ojos con otros versos. Si las manos de hoy son capaces de escribir “te amo”, quizás las de ayer no estuvieran tan equivocadas al decir que el amor es invencible. Si el odio envenenado de misericordia te hiere, ojalá seas capaz de dibujar versos que aniquilen hasta a las cicatrices. Siente como nadie ha sentido antes, relata tu mundo, cúbrelo de palabras que nadie dijo, hay belleza en estos tiempos, solo sal, descubre, reinventa, sé infiel a las traiciones que esta época exige, pues la poesía debe ser como siempre, agua para el que perece de sed, brisa para la bandera decaída y lustre para el corazón oxidado.

Imagen extraída del post: http://www.jenniferrardin.com/author/webmasterjenniferrardin-com/

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