Llenar de azules esta noche, 
deshacerse en arrugas de viento,
aire sobre los árboles somos
cuando todo lo demás apenas existe
en un planeta alejado 
de nuestras pieles unidas.

Nuestros labios no se tocan 
cuando nos besamos -tan despacio-,
se convierten en flores los tuyos 
y los míos en avispas ávidas del amor, 
del dulce polen que inyecta tu alma en mi espíritu.

Las esperanzas ya no tienen sentido
porque no se puede esperar nada mejor 
que este paisaje que dibuja mi silencio
cuando lo ocupas con tus palabras.
Palabras de amor, palabras de sutil alegría,
que provocan ataques de asma
a los que nos observan a través del cristal
de nuestra prisión de sentimientos.

La libertad de los de afuera no comprende
la pasión que sentimos por este presidio,
no entienden que besemos nuestras cadenas
como si fueran de azúcar o mermelada.

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