Carta a Morfeo, dios de los sueños:

Buenos días, su deidad, quería informarle de la reciente disolución de las futuribles nupcias con Helena Garco Oraia, hija de la población de Suer, por un error de mi propia incumbencia que, comprensiblemente, no fue obviado mediante su perdón ni mis excusas. Atendiendo a una de las leyes vigentes en cuanto al amor y la pareja (la número 17-B del código amoroso) me dejó ahí, como se deja una colilla a medio fumar porque no te gusta la marca del tabaco. Me dispongo, debido a que su cabeza debe estar en mil cosas, a recordarle susodicha norma: “El amor debe aportar continuidad de soluciones y no soluciones de continuidad”, redactada por el dios menor Mario Benedetti en uno de sus muchos libros legislativos sobre este asunto.

Por este motivo, y testigo como he sido esta noche de que usted ignoraba este suceso, he visto conveniente informarle en esta carta formal de que todos los sueños encargados, tanto por ella como por mí, quedan disueltos, y agradecería, ya que usted ostenta el fatigoso trabajo de crear los sueños que me acompañan por la noches, que evitara cualquier presencia de la ya nombrada en mis sucesivos paisajes oníricos. Puesto que hoy no ha sido una, sino que han sido muchas las veces que ha aparecido en el escenario. Si esta actitud no cesa me veré obligado a entrar en el olimpo a golpe de escopeta y reventarle a usted la cabeza a tiros.

Atentamente,

bastante cabreado,

Roger Prats Herrera.

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