Pensar en ti es como sostener una granada sin anilla, sé que cualquier pensamiento brusco puede hacerme estallar. Soy un artificiero que intenta evitar el desastre inminente de un holocausto de tristeza. Sé que no perdurará mucho mi resistencia, las lágrimas ya bailan cerca de mis ojos, para ellas mi pena es una fiesta. No hay mejor abono para la poesía que una buena dosis de tinieblas, de furia, de odio y de rencor. Es más fácil enfurecerse que conmoverse, apretar los dientes con rabia es más sencillo que sonreír ampliamente. Llorar de pena es un ejercicio simple, pero llorar de profunda y verdadera alegría es trabajo de alfareros muy expertos. Quizás de esa escasa dificultad venga nuestro amor por la desgracia, por la tristeza y la pena. Es más sencillo argumentar por qué estás triste, que convencer a alguien de que eres feliz. Con esta granada sin anilla en la mano, estoy a punto de reventar, de rendirme a la mediocridad del camino cómodo. Pero quiero elevarme sobre el remordimiento y la ira, esbozar la sonrisa más ancha posible y decirle al mundo que amé y perdí, pero gané fuerzas, gané ilusión por la vida y fui radiante en sus brazos. No siempre se puede tener lo que uno quiere, pronto romperé a llorar y la sal bajará por mis mejillas hasta caer en mi corazón enfermo de pesadillas, de desamor… enfermo de ella y de las vidas no vividas.

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