(Resultado de mezclar una congestión nasal, una rutina de trabajo que me obliga— me autoobliga— a escribir quinientas palabras y leer el libro Niebla, del genio Miguel de Unamuno antes de redactar mi texto)

 

A Augusto, personaje entre personajes

 

Podría decir que congestionado yo, congestionado mi arte. Hasta el pensamiento me suena afónico, con la voz quebrada y resonante, como una trompeta soplada por un idiota, como si un elefante perdiera aire por la trompa ¿Cómo voy a escribir algo decente en estas condiciones? Apenas divagaciones absurdas, más dignas de una mente enferma que de un escritor respetable ¿Soy un escritor respetable? ¿Qué es un escritor respetable? Quizás cualquiera que cuide de lo que hace, que ame lo que escribe, que lo respeta. Escritor respetable es el que respeta el oficio de escribir. Supongo que es algún tipo de conclusión filosófica elevada, pero ahí está otra vez, ese picor en la nariz que acabará por volverme loco. Sería peor toser. Mi madre se empeña en que tosa, se viste con sus alfombras de bruja y me dice “¿Tienes tos?”. Le insisto en que no, pero parece decepcionarse ante mi negativa. Es porque ella sí tiene, y supongo que pretende tentar al hipocondríaco que llevo dentro para que la acompañe.

Leer sí que puedo. Leo a Unamuno, que me hace reír a pesar del moco, aficionado al deporte de riesgo, que ha decidido practicar el puenting en mis fosas nasales. Unamuno era un escritor respetable ¿Era o es? Los escritores no mueren, los revivimos contantemente cuando los leemos. Ha de ser bonito no morir nunca, saber que siempre, en todas las épocas de esta sociedad desmejorada, habrá ojos dispuestos a enamorarse de lo que escribiste. “Enamorarse”, ese es el verbo exacto, la precisa palabra que describe con absoluta puntería lo que siento al leer a esos escritores respetables. Aunque el respeto es algo más global, incluso diría mundano. Son escritores amados. Amar es más que respetar ¿Quién no ha deseado— de forma más o menos heterosexual— besar a Neruda? ¿O recibir una carta de amor de Lorca?

A veces creo que hay días en que no debería escribir estas quinientas palabras que me exijo a diario. Cuando la inspiración no llega o mi salud está en sus horas más bajas… Parece que sería conveniente claudicar, rendirme por un día de este— a veces— fatigoso trabajo. Pero entonces me pongo a escribir y mis pulmones parece que se abren a la luz de las palabras, que mi congestión se expande, que todo está bien por un momento. No existe mejor medicina que la que otorga practicar tu pasión. Por ello, no olviden encontrar algo que les apasione, y tómenlo a diario, sin olvidar jamás su necesaria dosis.

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