Cuando el hielo abraza un alma, el corazón deja de bombear sangre para latir escarcha. Por ello, llena tu alma de primaveras cuando el cielo sonríe y te ofrece el sol, porque mañana vendrá el invierno y puede que aquel recuerdo de la luz besándote el rostro sea lo único que te mantenga con vida.

Nos hieren y bramamos, gritamos, lo ponemos en Facebook, Instagram, Twitter e incluso, en un alarde de vejez descontrolada, se lo decimos a nuestros amigos y familiares en persona. Somos unos desgraciados y todo el mundo debe saberlo, lloramos, golpeamos con furia los armarios y puertas, nos manifestamos en contra de nuestro estado depresivo, mientras lo alimentamos con nuestras quejas y blasfemias contra un dios en el que ni siquiera creemos. Mordemos piedras y rinocerontes, pisamos a pingüinos desprevenidos que solo quieren comprar el pan y tener una vida sencilla, nada catártica. Intentamos convencer al mundo de que la miseria y la melancolía son las reinas absolutas y que nadie derrocará jamás su implacable dictadura.

Sin embargo, cuando por algún azar encontramos la belleza de la vida, algo que nos hace respirar oxígeno plagado de purpurina, cuando un arcoíris nos destroza el rostro con su cariñosa caricia de divina complicidad, dejamos que ocurra, lo ignoramos, no exhibimos pancartas, no dejamos que nuestras redes se llenen de mensajes de aleluya. Somos así de parciales, preferimos mil veces la tristeza a la felicidad. Porque nos han convencido, con refranes y dichas populares, de que en la derrota es cuando se encuentra a los amigos de verdad, que si te pasa algo bueno, algo malo se acerca, que todo estará roto de aquí a un instante. Cuidado, quizás sea cierto, quizás todo vaya a romperse, todo va a explotar, pero ¿Vas a malgastar el tiempo previo a la explosión contando los segundos que faltan? Besa, ama, haz el amor, explora y vive. Llénate de primaveras, porque el invierno viene, y lo que hayas atesorado en tu corazón será lo que te dará calor en las noches que pases a la intemperie.

 

Foto de Tere Cortés Zacarías.

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