Comentario (demasiado extenso para quedarse en comentario) al excelente post “Silencio se lee” de Ana Centellas en El poder de las letras.

Mi amigo Carlos, de larubricadelcubo, al que le gusta leerte porque tiene criterio, me dijo: “léete este post porque habla de un conflicto entre videojuegos y lectura, y creo que tú, que vives entre ambos mundos, tendrás algo que decir”. Lo que tenía que decir le venía largo a un comentario y por ello te hago este post-respuesta.

En primer lugar, quiero aclarar que yo leo, acostumbro a hacerlo en los autobuses, aunque la gran mayoría no tienen luz, por lo que me obligan a usar el libro electrónico. No me molesta, es práctico, pequeño, fino, perfecto para el bolsito que suelo llevar, carecen del encanto del papel, pero es preferible a no leer. También leo en el móvil, por ejemplo, tu blog, así que no puedo quejarme ¡Viva la tecnología! En realidad, eso no queda en entredicho en tu artículo, lo que planteas es algo más profundo y aquí voy a incidir sin saber muy bien a qué conclusión llegaré al acabar mi discurso.

Yo juego diariamente a videojuegos, mucho. En ocasiones creo que soy adicto a ellos. No fumo, no bebo en exceso, ni me involucro en nada nocivo como los juegos de azar o la prensa rosa. El único vicio que tengo son los videojuegos. Podría hablarte de muchos de ellos, las horas que les he dedicado, las cosas que he aprendido y las espectaculares historias que he vivido me han conmovido desde que era un niño. Sin embargo, no hablabas tampoco de eso en tu escrito, no son los videojuegos en concreto y lo sé, solo quería aclarar que mi posición era esta respecto a ese, a mi parecer, maravilloso mundo.

 Donde quiero llegar, y creo que tú ibas por estos derroteros en tu discernimiento, es que no hay nada más hermoso que alguien leyendo. No existe nada más sublime. Quizás sea por nuestra agradable deformación vocacional de escribir, pero creo que es cierto. Siento si resulta “eroticofestivo” esto que voy a decir, pero una mujer bonita, desnuda y con libro en la mano es el apogeo de toda sensualidad, implícita y explicita. Creo que afrodita fue considerada diosa de la belleza por el simple hecho de llevar un libro en las manos. Por ello, y me ha pasado cientos de veces lo que cuentas en tu anécdota, creo necesaria una revisión de los protocolos de la relaciones humanas que observe, permita y hasta promueva, acercarte a alguien y preguntar “¿Qué estás leyendo?”. Creo que eso conseguiría diversas cosas: incentivar muchas conversaciones fructíferas alejadas de la lacónica manía de hablar del tiempo; que aumentara la venta de libros, pues la otra persona, en caso de estar disfrutando de su lectura, te convencería con su pasión para que tú, presa de un marketing sincero y directo, compraras el libro en cuestión; e, incluso, crear relaciones amorosas nacidas de un libro ¡Poco hay en el mundo más práctico y hermoso que un matrimonio que lee! Pues sus hijos seguirán su estela con elevada probabilidad.

Así que llegamos al asunto, al meollo, que se suele decir… Y es que cabe la posibilidad de que la respuesta a la pregunta de “¿Qué lees?” no sea satisfactoria. Tremendo debacle entonces, pues las raíces mismas de la relación quedarán lastradas… pero aquí viene mi contrapartida a tu tesis, querida Ana, y es que cuestiono si… ¿Y si esa chica, siguiendo los protocolos de los que te hablo, te hubiera dado razones para leer ese libro? Por motivos inimaginables ¿Y si resulta que alguien se lee un libro de un youtuber porque, (sé de un caso que leí por la red) cuando estaba enfermo y en la cama de un hospital, las risas que le causo ese personaje de internet le dieron esperanzas y fuerzas? Quizás no sean los clásicos… Ojalá todas las chicas que veo con libros estuvieran leyendo a Benedetti, a Lorca, a Stevenson, a Zafón, a Delibes… ojalá… Pero la gran mayoría de personas de este mundo leen las “50 sombras de Grey”, “el código da Vinci” y libros de youtubers, no se puede hacer nada y no es malo… al menos leen, que ya es mucho, muchísimo.

Y quedamos nosotros: Ana y demás amigos que sé que leéis clásicos y libros de escritores sublimes. Pero si algo he aprendido de esos libros, es a respetar las diferentes visiones de este mundo. No importa si eres cortés, educado y encantador como Benedetti, o un deslenguado como Camilo José Cela. En tus ojos, también en los de esa chica que leía sobre videojuegos y en los de las personas que miraban los aparatos, hay poesía, cuentos… literatura a raudales para ser descubierta. No pretendas conocer el sabor de una fruta sin abrirla, pues solo podrás decir del limón “que sabe a amarillo”.

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