Vengo de muy lejos, de donde tú y todo lo que hiciste quedó olvidado, relegado a cenizas y golpeado por guerras, por bombas, que acabaron con todo menos con los hombres y mujeres que supimos escondernos a tiempo. Tu imperio ha caído, yace bajo toneladas de escombros y muros derruidos. Aplastado, menospreciado hasta ser poco más que parte del polvo en que se sumerge toda humanidad. Te veo, orgulloso, luciendo tu corona de oro y diamantes, como si al mundo le importara. Quizás preocupe tu estatus a aquel plebeyo que se arrodilla o a aquella mujer que se vende a ti a cambio de pan para sus hijos. Pero no al mundo, que es propiedad del espacio y el tiempo, que acabará con tu vida, con tu piel, con tu esqueleto y hasta el polvo que dejen tus huesos dejará de ser polvo algún día, para no ser nada. Alza tus imperios, gobierna con mano dura, sé cauto con quienes te quieren mal y ensalza a los que te aman y adulan, que a nadie importará de aquí unos años. Los libros que guarden tu historia serán quemados por tu herencia de maldades. El viento del tiempo borrarán el nombre de tu tumba y la Tierra seguirá girando sin ti, como lo hizo antes de que nacieras. No eres nada, tus títulos no importan, el oro no es más que piedra amarilla, banal y caduca, tu cuerpo se extingue. Vive ajeno a los laureles que otros te regalen, observa la vida crearse en cada esquina, las hojas de cada árbol, ama, haz el amor y sueña, sin esperar que los demás seres te aplaudan. Serás olvidado, por ello, no olvides vivir como si tu vida estuviera en juego.

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