Me pregunto si podré volver a mirar la hierba, los parques, los árboles, ahora oscuros, que pueblan los bosques, si podré observar algo, una papelera, una biblioteca, un perro, un escorpión… sin pensar en ti, sin que los recuerdos te traigan y te coloquen en medio de cualquier paisaje, partiéndolo todo con tu belleza. Dudo de mis fuerzas si te imagino, allí donde estés, diseñando una vida en la que ya no cuento, en la que soy un pasado que arrebatar del escenario de tus futuros posibles. Fue repentina, demasiado rápida, la forma en que acabó todo. Hay mañanas en que me cuesta horrores no desearte los buenos días, no saber lo que estarás haciendo. Podría el sol dejar de fustigarme con imágenes tan claras, irse de vacaciones a iluminarte a ti. Porque odio la luz con que lame los edificios y las calles que recorrí contigo.

Hasta mi cuarto, mi pobre cuarto, es más pequeño ahora que tus exbesos lo pintaron de aromas extraños. Aún guardo una piedra que iba a regalarte, me la encontré en el suelo y tenía forma de corazón, es una de aquellas señales que encontraba en todos lados, que me decían que eras para siempre. A dios le gusta jugar a juegos mezquinos, dibujar praderas hermosas que luego fortificar, cubrir de trampas, vallas y minas. Los lagartos, los animales, las pequeñas motas de polvo, cualquier minúscula partícula convierte esto en un homenaje a ti que me destruye un poco más. Me siento arrugado, encogido, un jorobado que se pliega en sí mismo para esconderse de ti y de los muebles que te nombran a todas horas, que se oponen a mis pasos, que me golpean con sus afiladas esquinas de madera pulida cuando, ebrio de necesitarte, deambulo por mi casa como un espíritu.

Creo que voy a lijar el techo de mi cuarto, pues de pensarte tan a menudo lo marqué con imágenes de ti, que se adivinan en el blanco yeso, como frescos o grabados. Mis sueños también he de barnizarlos con tu ausencia, pues no son sino horribles pesadillas que te colocan frente a mí, que te hacen besarme y abrazarme como antes del hachazo que nos separó por siempre. Despertarme y que no estés, que nunca estés, ni cuando tengo una ocurrencia sobre el amor ni cuando acabo algún texto, nunca…  ni cuando me siento solo, profundamente solo… No estás, ya no, te fuiste de mi vida como quien escapa de un presidio que ha durado demasiado, dejaste tus cadenas aquí, como una demostración de lo que fuimos, muestra infame de mis errores, museo espantoso de lo malvado que fui, de la flores que arranqué de su tallo, de los actos más atroces. Solo quiero saber cómo hiciste para quitártelas, para deshacerte de su hierro ardiente, porque soy incapaz de tocarlas sin quemarme, sin esparcir su cuerpo fundido por mi cuerpo herido. Espero encontrar la forma en que lo hiciste para librarte de este yugo, espero poder volar de nuevo algún día, que renazcan las alas que han desaparecido contigo.

Foto hecha por mí.

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