El profesor repasa el último cuatrimestre,

en una pizarra manchada casi al completo

por la tiza vieja de las lecciones pasadas.

Tú, a diez centímetros, respiras, vives, escuchas

una de las últimas clases de este largo y espinoso curso.

 

Yo ya no estoy.

Cierro la puerta que me conecta al mundo:

Viajo entre las mesas, las sillas y los cuadernos;

me meto en tu falda y descubro oscuridad;

salto por la ventana buscando alguna razón para no…

un pretexto para no… pero no encuentro nada.

 

Por fin vuelvo al pupitre y me dispongo a decírtelo,

de una vez por todas -decir que te quiero-.

Pero, al volverme hacia ti, estás ya a 30 centímetros.

Con esa distancia nos podría oír cualquiera

-sería horroroso que te me negaras delante de todos-,

mejor que la mala noticia me la des cuando estemos solos

Tú,        yo,        el amor            y la Muerte.

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