He empezado a trabajar, ocupan mis horas un sin fin de papeles, números y letras. Todo ello, tedioso y cansino, lento y eterno, me resulta esperanzador, como si brillara una perla enana en la profundidad de mi sueño por haber madrugado, cada bostezo luce una extraña luz que se proyecta a mi mundo. Yo sé el porqué, lo conozco de sobras, es previsible, terrenal y simple: no tengo tiempo de pensar en ti.

Por ello las libretas de cuentas, donde apunto distraído cada pulso de mis venas, me permiten dejarte caer del árbol de mi vida, como si mi amor por ti empezará a madurar hasta convertirse en una semilla que ansía la tierra, que sueña con convertirse en un árbol más feliz, más alegre, de follaje verde y travieso, de ramas largas y jóvenes que me permitan alcanzar el cielo, que parece existir todavía, más allá de la sombría lluvia ácida que me riega desde hace meses. Espero que pronto brote un simpático tronco al que aferrarme, que sus frutos se llamen poesía, amor o familia, y que su dulzura sonría entre fértiles huesos cargados de creación y de futuro.

Este blog será parte de ello, nada me apetece más que compartir mis hondas raíces con mis queridos lectores, que se empeñan en dar sentido (significado y dirección) a una vida que muchas veces he dado por perdida. Gracias a mi mundo.

“Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro comienzo a cantar hoy

y no terminaré mi canto hasta que me muera.”

W. Whitman

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