Mañana es tu cumpleaños y eres mi amiga, eso dice esta extraña red social en que todos somos peces y nos pescamos mutuamente, como intentando alcanzar un océano similar, como probando a dejar de ser humanos para ser un “rostro”, una mentira que compartir con otros: soy feliz o estoy triste; he viajado mucho o me gusta ver películas sentado en el sofá con mi perro; envidiadme o compadecedme.

Pero mañana es tu cumpleaños y yo estoy perdiendo los segundos que faltan filosofando sobre cosas que no importan a nadie. Al fin y al cabo no tengo perro, no viajo, no soy feliz ni estoy triste, no me compadezco de nadie y solamente envidio a los que son conocidos tuyos lejos de esta pantalla, de este universo paralelo donde inexplicablemente somos amigos, tú y yo, que apenas sabemos el uno del otro.

Pero tienes esos ojos tan distintos, quizás por eso decidí, agregándote, que nos llamásemos amigos, porque me rozaste con ellos y pensé que dos ojos como los tuyos valen más que muchas amistades. Habría sido hermosamente bonito, pero no fue así. Fue en una fiesta, la vida ya no se permite cursilerías como esas, tu amiga o prima (nunca supe qué erais exactamente) y tú me ayudasteis con un amigo que había bebido más de la cuenta. Al día siguiente, os agregué… con ella, tu amiga o prima, soy amigo fuera de la ficción de estas tecnologías, el azaroso destino nos juntó más veces y le tengo un gran aprecio, le caben mejor las palabras de amistad, de confianza. Pero de nuevo, ando por ramas serpenteantes que esquivan mi propósito, me desvío del tema…

Solo quería felicitarte, como amigo ficticio, y hacerlo un día antes, porque quiero tomar ventaja a esos que te conocen de verdad, que saben cómo es tu voz, cómo miras las palomas en los parques, si te dan miedo los reyes magos, si usas la primavera para el amor o eres una invernal ninfa, enamorada de los copos de nieve (si has pensado “¡Olaf!” al leer esto último, víctima de esa afición alocada por Frozen que tiene todo el mundo).

También quería regalarte este texto, como un regalo no esperado, no contemplado en tu imaginación más soñadora, y, pobre de ti, que malgastes tus sueños con una historia tan simple como la de un ciberconocido que te envía un texto el día antes de tu cumpleaños.

Felicidades, solo eso… y mucho más.

Anuncios