En ocasiones, demasiadas, miramos un paisaje como si fuera de nuevo lo mismo, como si nuestra rutina le hubiera arrancado las sorpresas. Una repetición exacta del jardincito que ves cada día al dirigirte al trabajo, el portal que cruzas, cansado, al regresar tras la larga jornada. Sin embargo, en esta estampa previsible que observas con una espantosa indiferencia, algo ha cambiado, aquella brizna de hierba que allí, a lo lejos, ha mutado de erguida y puntiaguda presencia verde, a seca y torcida paja, por el pesado pisotón de un perro, cuyo dueño adoptó para evadirse de la soledad. Con excelente resultado, pues, por su querido y peludo amigo, conoció a María, amante de los animales y, por lo visto, también de sus dueños, con quien se ha casado hace dos meses. Levanta la vista en cada calle, disfrutar es una posición concreta de tu cuerpo y tu alma ante la vida, la gente mira París con buenos ojos, la mirada en alto, dispuestos a enamorarse de cada esquina, pero cuando eres capaz de generar ese estado en ti, nada tiene que envidiar tu humilde barrio a los Campos Elíseos, ni aquel container deformado por el viento queda tan lejos de la torre Eiffel. 

Enamorate de cada palmo. Citando a un hombre sabio, Jalal Ud-Din Rumi: “Vende tu intligencia y compra entusiasmo”. 

Ánimo, amigos de la Sociedad Errante, seguid vagabundeando 😁

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