​Cuando todo se vuelve inhóspito, cuando el suelo tiembla, solo alas tienes, amor, solo alas.


Cuando todo parezca un amenazante mar embravecido cargando contra tus playas, solo alas eres, amor, solo alas.


Por ello vuela, elévate sobre la noche, sobre las estrellas y calles dormidas, galaxias y puertos en calma, sobre lágrimas y fiestas. Elévate amor, pues solo mereces alas, amor, solo alas.


Llega bien alto, al último recodo del universo, allí donde la felicidad es de quien la quiere, de quien la agarra. Donde el único pecado es la tristeza y solo existen la belleza y la risa ¿Y qué eres tú, sino belleza y risa? 


Allí, en ese paraíso, quizás me encuentres a mí, sentado bajo un árbol de copa alta y ancha, leyendo los poemas que me hablan de ti, deteniendo a veces la lectura para recordar tu rostro de enigma claro, de pregunta resuelta, de misterio evidente. 


Quizás nos encontremos allí dónde tus alas te lleven, en ese lugar de gozo y alegría, de felicidad, en donde vivo desde que supe que no eras solo un sueño, desde que supe que existías.

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