He estado ausente unos días porque estoy preparando la composición de mi primera novela. Iré compartiendo fragmentos. Así se inicia: 

“Por aquel entonces, mi vida solo tenía dos preocupaciones: encontrar tabaco y que no me pillaran fumando. Así sucedían las semanas. En el bajo de la mochila del colegio, escondido tras un corte que yo misma había hecho, encontraba a mi amigo, el paquete de tabaco. Con sus imágenes de dientes y pulmones oscurecidos por la nicotina, me daba una palmada en la espalda y me hacía creer un poco más libre, un poco más rebelde, menos esclava de mi madre y mis profesores. Éramos cinco chicas y tres chicos, ocultos en el lavabo, lejos de la supervisión del vigilante de patio, hablando de sexo, drogas y cotilleos de otra gente de clase. Ahora debería decir que me arrepiento de aquello, que no debía haberlo hecho, que era una idiota, una niñata engreída sin motivos para la insumisión, pero no puedo negar que aquellos son los últimos recuerdos de felicidad que tengo.”

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