A veces me pegunto cuánto me define esto que hago: escribir. Cuánto ha cambiado mi vida… Sé que no es tan simple, o de eso intento convencerme, pero creo que, si no hubiera hallado la escritura, estaría literalmente muerto (y lo uso a sabiendas de lo que quiere decir que algo sea literal). La vida carecería de sentido hoy por hoy, ya que solo dos cosas me aferran a ella: escribir y mis sobrinos. 

Pero ¿Me define? ¿Hasta qué punto puedo decir “soy escritor” y quedarme en esas dos palabras? Cederles todo lo que he vivido, regalarles mi significado absoluto. 

En ocasiones, me devora un terror que solo yo comprendo… no volver a escribir, que este amor se vaya secando como se han secado tantos amores y descubrirme, con cincuenta años, diciéndole a mis nietos que de joven escribía, que soñaba con ser un escritor relevante. Ese fantasma de las navidades futuras me amenaza y me señala con su dedo acusador, desde que despierto hasta que me acuesto. 

Si no escribiera, si no existiera este blog y la gente que me lee y que, en ocasiones, incluso me felicita, no sé qué sería de mí, qué sería yo. Jamás me he sentido más cerca de mí, más íntimo y más yo que cuando practico mi arte. Sin embargo, como siempre que te abrazas a una lucha interna, que amas fieramente, el pavor me viola, me invade y me deja observando mis sueños, con una evidente tristeza clavada en mis pupilas. Quizás sea la exigencia desmedida (absurda en mis escasos años) la que me impide escribir todo lo que quisiera. En pocos escritos me seduce lo que hago, lo que creo. Pocas veces me enamoran las despistadas letras que aparecen en mis dedos, pero cuando lo consigo, cuando me gusta lo que he escrito… soy feliz, en el sentido más profundo de la palabra. 


Quizás eso me defina en un contexto distinto al que la gente se cree… el mundo piensa que “soy escritor” por vocación o profesión, por trabajo y filosofía, porque me gusta escribir. Pero cuando digo que “soy escritor” solo hago que señalar el diagnóstico de mis males, de la enfermedad crónica que me acompaña desde que compuse mi primer poema, que creció a medida que yo crecía y que ha de ser mi tumba algún día. Soy escritor… donde los demás sienten el hambre, siento yo el verso.

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