Barcelona, 17 de agosto.
Hoy no pude dormir… 

 

hoy que tantos duermen para siempre,

hoy que, víctimas de una feroz mentira, 

los siervos del miedo tejieron sus redes. 

Hoy que la paz murió de por vida… 

 

Veo árboles que huyen de los parques, 

oigo el metal rugir en los callejones, 

sediento de frío, hambriento de carne, 

son un presidio mis pulsaciones.  

 

Escribo con métricas y tiempos, 

figuras retóricas en solemnes claustros, 

para que sus normas frenen lo que siento 

y no arda en mi verso el holocausto. 

 

Solo quiero gritarte en secreto, 

agrietar con mis pulmones tu injusticia, 

dar mi corazón a tus desnudos huesos 

y hallar en tus labios la sonrisa. 

 

Que renazcan ojos en tus cuencas, 

que regrese a ti la sangre que perdiste,  

que el terror sea borrado de tus cejas, 

que un viento nuevo te bese y erice.

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