Muerto de miedo ante la tumba de mis antiguos proyectos, vuelvo aquí a arrancar de nuevo, por enésima vez, superados ya algunos llantos y entierros. Supongo que puedo permitirme un poco de margen y exigirme menos… Doscientas palabras cada día, a lo sumo, sin presiones y sin imponerme una periodicidad realmente rigurosa. También ruego clemencia en mis primeros días, porque estoy bajo de forma e inicio esta nueva aventura con un catarro grande y obsceno, que igual deja caer algún moco en medio del texto, un invasor viscoso y desagradable que ensucie todo mi esfuerzo y lo convierta en banalidad. Me había planteado publicar un cuento, pero debido a su longitud y por respetar a mis lectores y su derecho a no recordar quién soy, he visto necesario saludar y re-presentarme a todos ustedes, antiguos amigos a los que tanto he añorado.

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