Mi tercera hermana y abuela, mi segunda madre. Si quiero saber qué soy, cómo estoy, qué dedo del pie me duele esta mañana, me pongo a escribir un poema. Yo aprendí a vestirme de veras a los catorce años, cuando un poema de Bécquer se me echó encima y me cubrió de sentido, de dirección y cariño por la vida. Cuando uno lee poesía, se disfraza de lo que lee hasta la médula, de repente respiramos exactamente como el poeta, cedemos nuestros recuerdos a cambio de los suyos y atesoramos los sentimientos no sentidos, los besos no dados y los pensamientos más impensables. Un poema es una azada que nos parte y transforma, nos destruye para reconstruirnos. Pero cuando uno escribe, la cosa cambia. Aprender a vestirme fue sencillo, taparse del frío es un reflejo normal, si vemos nieve corremos a refugiarnos hasta que pase la ventisca. Escribir es distinto. Escribir es un acto que se revela contra todo instinto. Consiste en sentir el peor frío posible, la escarcha arrasar tus venas y la nieve ocupar tu casa, irse al cuarto más oscuro y húmedo de tu mente, sentarse ante un papel y desnudarse. Un suicidio horrible que duele en lugares que jamás dolerán al que no escribe. Para colmo, en casos como el mío, el resultado es un conjunto de palabras que odio y detesto en la mayoría de ocasiones, siendo inútiles el sacrificio y sus cicatrices.
Sin embargo ¿Qué sería de mí sin ella? La única amante que se ha quedado, la única amiga que me soporta, el único látigo que aun me hace sentir algo. Vieja y nueva al mismo tiempo, igual baila que se arrastra, igual me ataca que huye, igual viene que se va. A veces creo que será difícil encontrar a alguien, una humana con quien compartir mi vida, tener una familia propia ¿Qué mujer en su sano juicio se ataría a un hombre que está enamorado de otra? Esa es mi maldición y mi suerte, estar enamorado de una amante que no puedo besar ni tocar, una hermosa mujer de perfumes indescriptibles que, si bien me viene a buscar en mitad de la noche y promete amor a manos llenas, cuando abro los ojos se ha esfumado y es pura violencia en mi pecho, ausencia en mi cama y lágrima ardiente en los ojos.

Feliz día de la poesía a todas y todos.

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