Hoy conviene aclarar ciertas cosas: Este poema lo escribí en catalán y no quise publicarlo en su día porque la mayoría de los que me siguen no entienden mi idioma paterno. No suelo escribir en catalán, pero cuando lo hago me gustaría poderlo compartir de igual forma con ustedes, por ello he traducido el poema a la lengua española. Me encantaría que hicieran el esfuerzo de leer el original primero, el catalán es una lengua en peligro y descubrirán que es hermosa. Pero si les resulta dificultoso, tienen la traducción del poema más abajo. Espero sus comentarios y si les parece bien que haya más publicaciones como esta. Absténganse de poner comentarios políticos, se lo ruego, las lenguas están muy por encima de minucias como la política.

 

LLEIG

No soc lleig, ho recordo
mentre em miro al mirall del lavabo,
estesa una dona nua al meu llit,
la sento roncar amb harmonia trista,
com un fantasma que dorm dins d’un Picasso. 
Aquest rostre que llueixo ara, 
passat el temps en que els somriures 
l’ocupaven de tant en tant,
no és lleig de mena, mostra una lletjor fingida, falsa,
un artifici incívic, un miratge.
Clar que es veu horrible 
sota la llum massa groga del lavabo,
però no ho és per la pell desnodrida
o la distribució dispar dels meus ulls,
ni tan sols per l’enorme nas que n’ocupa el centre,
és per la fam de tempestes 
que quedà allotjada a les comissures dels meus llavis
quan vas marxar definitivament.
És aquesta deformació concreta
la que es carrega tot el paisatge,
com si pintessis un cagarro al front de la Mona Lisa.
No en soc de guapo, ni ho seré mai,
però aquesta lletgesa excessiva desapareixerà
quan el teu eco es torni boira.

FEO

No soy feo, lo recuerdo
mientras me miro en el espejo del baño,
en mi cama hay una mujer tumbada,
la oigo roncar con una triste armonía,
como un fantasma dormido en un Picasso.
Este rostro que luzco ahora,
pasado el tiempo en que las sonrisas 
lo ocupaban de vez en cuando,
no es feo de por sí, muestra una fealdad fingida, falsa,
un artificio incívico, un espejismo.
Claro que se ve horrible
bajo la luz demasiado amarilla del lavabo,
pero no se debe a la desnutrida piel
o a la distribución desigual de mis ojos,
ni siquiera a la enorme nariz que ocupa su centro.
Es por el hambre de tormentas
que quedó alojada en la comisura de mis labios
cuando te fuiste definitivamente.
Es esta deformación concreta
la que rompe todo el paisaje,
como si pintaras un zurullo en la frente de la Mona Lisa.
No soy guapo, ni lo seré nunca,
pero esta fealdad excesiva desaparecerá
cuando tu eco se convierta en niebla.

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