Según me han dicho, la cosa funciona como sigue:

El principal dato y más importante es que hay muchos peces en el río. No sé dónde está el río del que me hablan y, sobre todo, no sé para qué quiero un pez, pero es fundamental. Por lo visto, estos extraños peces sirven a su vez de clavo. El clavo del que me hablan no es la conocida especia, que es lo primero que pensé, “será para cocinar el pez”, ni tampoco se trata de una raza concreta de pez. Hace referencia a un clavo de bricolaje. Aquí exijo atención al lector porque se produce un giro inesperado: Ese clavo va a ayudarnos a quitar otro clavo. El otro clavo es aún más misterioso que el que les decía, pues se ve que lo llevamos nosotros, pero nadie sabe aclararme dónde. Alguno dice que en el corazón, pero yo creo que eso debería notarse y acarrear ciertas dolencias. Una vez encontrado el clavo, si lo encuentra, deberá coger el otro y hacer palanca hasta extirpárselo. A pesar de mi ignorancia en cuanto a esto de los clavos, yo recomiendo la supervisión de un profesional en medicina, por evitar desangrarse por el agujero que quedará tras la extracción. La forma en que el pez sirve como clavo, no la entiendo, ni la entenderé jamás.
El pez hay que pescarlo y esta es la tarea más complicada a la que pueda uno enfrentarse. Se desconoce la ubicación del dichoso río, por ello pido referencias a cualquier lector que lo encuentre, sería de gran ayuda. Una vez lleguemos al río, hay que sentarse en la orilla y no esperar. Esta parte es especialmente compleja. Porque uno ha buscado el río, pero una vez allí al pez que buscamos se lo pesca ignorándolo. “Contra más lo buscas menos lo encuentras”, “lo encontrarás cuando dejes de buscar”, “no hagas nada, deja que llegue”, eso me dicen. Así que una vez en la orilla del río, si es que hay que ir a esa orilla (que tal vez no hay que hacer ni eso) uno debe quedarse quieto. Pero no espere al pez, ni lo desee, no quiera al pez. Usted a disfrutar de las vistas y a echarse una buena siesta. No mire al río, deje que el río le mire a usted. Cuando, después de un relajante sueñecito, se despierte, es posible que encuentre al maldito pez a su lado. Si no está (que siendo científicamente cabal, es muy posible que no esté) es que usted ha deseado que apareciera, quizá en el sueño se ha imaginado usted pescándolo. Si con todo esto no encuentran el amor, yo más no puedo hacer.

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