En la habitación, tumbado en mi cama, solo como una colilla en el desierto, me he puesto a pensar en ti y ha aflorado en mis labios la más radiante de las sonrisas. Una pequeña y humilde sonrisa que ha bailado en mi rostro como baila un pino joven mecido por el viento. Eres la luz que hace tiempo no veía… Qué ciego queda el que deja de amar a la fuerza, con una apatía artificial, fabricada por los golpes de la vida que se empeñan en dirigirse al corazón una y otra vez. Cierro mis ojos y escucho el aire afuera, acariciando mis ventanas con su susurro. Pienso en ti y mi pecho se ensancha… Entrar en un bar contigo, beber, cenar, bailar desquiciadamente… Perderme en tus labios cuando hablas, tomar tus palabras con tanto ímpetu que llegue a memorizarlas, para recordarlas de nuevo cuando llegue a casa. Creo que una vez te conozca, va a ser difícil desprenderse de ti, vas a quedar abrazada a mis pulmones de tal forma que sea imposible respirar sin decir tu nombre. Las cosas no son así, como yo las vivo, tan intensas y sencillas. Va a ser complicado cada paso, cada mínima aproximación a ti va a ser una cima inalcanzable que vencer, porque mi corazón se esconde cuando te imagino, aquí, tumbado en mi habitación. Mi humor absurdo, mi forma demasiado intelectual de ver el mundo, mi constante verborrea, son motivos más que suficiente para que ese día tan señalado, en que hablemos por primera vez, sea un desastre de dimensiones inexplicables. Sin embargo, aquí estoy, cerrando los ojos e imaginándote frente a mí, y no puedo parar de sonreír como un bobo. Supongo que la vida es así, un torrente de esperanzas que tropiezan con la realidad y caen. No albergo muchas esperanzas, dos o tres, poca cosa. Resulta duro tener que ponerlas a prueba, convertir en verdad, dura y feroz, el tierno encuentro que estoy imaginando. Me niego a creer que serás siempre un sueño, una meta inalcanzable que huirá de mí hasta el infinito de los días. Mi rebelo contra la idea de imaginarte eternamente y no llegar conocerte nunca. Hay una parte de mí que siente y piensa que encontrarás divertido mi humor absurdo, que mi forma demasiado intelectual de ver el mundo te resultará interesante y que hallarás musicalidad en mi verborrea constante. Pero sentir y pensar no es saber y tengo miedo, miedo de ti, de lo que tu voz pueda decir, de lo que puedan gritar tus ojos al verme… Avanzar es la opción que me queda, avanzar hacia la incógnita con el paso más firme que sea capaz de obrar, disimulando este temblor, que cada vez que veo cualquiera de tus fotografías mi alma salta. De momento, esto, escribir en fragmentos lo que pasa por mis sueños cuando me duermo pensando en ti, poco más, ya vendrán las bombas y los huracanes a despertarme, pero eres tú, y sé que vas a merecer la pena cuando llegues, como mereces ahora la alegría de imaginarte.