Estoy triste. Me gustaría señalar a un culpable y dictar sentencia, pero soy incapaz. Hoy cumplo 28 años y hace ya mucho que los cumpleaños no son motivo de fiesta. Es un año más en que no he escrito una novela, fracaso algo deslucido y retórico, pues no estoy poniendo el esfuerzo necesario para ello. Sigo soltero y, basándome en mis últimas experiencias, en que la esperanza viene acompañada de un miedo atroz, seguiré así durante un tiempo. Mi autoestima sigue por los suelos, en caída libre, y no se me ocurre una solución. Luzco una barriga cada vez más prominente y mi economía está escuálida y jadeante. Sin embargo, tengo amigos estupendos, incluso amigos a los que he defraudado en varias ocasiones y que siguen acudiendo a mí con los brazos abiertos, que aceptan mi desastre y me hacen reír cuando no puedo. Tengo la mejor familia del mundo, dos hermanos fantásticos y cuatro sobrinos de ensueño, mis padres respetan mi espacio y aguantan que, sin duda, sea la oveja negra de la familia y un fracaso. Escribo en mi blog y este año publiqué mi libro, que no se ha vendido casi nada, pero que está ahí y es un sueño cumplido, por mucho que yo me dedique a pedirle explicaciones. En las últimas semanas, he sentido cosas que hacía tiempo que no sentía y, a pesar de que vengan acompañadas de mucho sufrimiento y miedo, son maravillosas, y en gran medida me dan más felicidad que tristezas. Aunque la lógica y mi experiencia me digan que va a ser otra derrota más para mi corazón y que, en breve, tendré que empezar a olvidarla y pasar página, estoy latiendo, estoy vivo y eso ya es un avance que no esperaba… Hay motivos de sobra para estar contento, para levantarme por las mañanas con una sonrisa y celebrar mi cumpleaños, sin embargo, aquí estoy, como siempre, bailando con la soledad y la tristeza… Me recuerda a aquellos versos de Benedetti:

“O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.”