Si pensara en querer como en un juego, 

tus pupilas fueran 

las fichas de colores llamativos 

y tu cuerpo tenaz, firme tablero. 

 

Sería tu voz dueña de las reglas 

y de mi destino, 

engañoso camino en que me pierdo, 

laberinto inspirado por tus venas. 

 

Los dados ya mostraron su capricho 

en mi nacimiento, 

las cartas van marcadas por mi pena, 

ganar esta partida no es mi sino. 

 

Que, aunque mi mano escriba puro fuego 

en este poema, 

no alcanza tus arterias mi cuchillo, 

y si alguien sale herido es mi propio ego. 

 

¡Qué estériles mis versos, por barreras 

de quien los ha escrito, 

aspirante a poeta, todo miedos! 

Suspirando de amor tras unas rejas. 

 

Tu belleza asesina me ha vencido, 

convertido en siervo, 

quebrado sin problemas mis defensas 

besando con su luz a mi castillo.

 

Muero bajo el asedio de tu reino, 

golpe que no cesa, 

se han fundido mis sueños ya contigo 

y no entiendo el futuro sin tus besos.